Hilux con siete asientos
La idea de la SW4 es simple: tomar la base de la Hilux, con su chasis de largueros, su tracción 4x4 con reductora y su mecánica pensada para durar, y montarle una carrocería cerrada de SUV con tres filas de asientos. Es la receta de los todoterreno clásicos, y en Argentina encontró un público fiel en el campo, en el interior y entre las familias que viajan mucho por ruta y ripio.
En otros mercados el mismo vehículo se conoce como Fortuner. Acá conserva el nombre SW4, con el que Toyota ya había vendido versiones anteriores derivadas de la Hilux.
La primera SW4 de Zárate
A mediados de la década de 2000, Toyota lanzó a nivel mundial su proyecto IMV: una familia de vehículos que comparten base técnica, integrada por la Hilux, la Hilux SW4 y un monovolumen. La planta de Zárate, en la provincia de Buenos Aires, se convirtió en uno de los centros de producción de ese proyecto para la región, y la SW4 empezó a fabricarse allí junto a la Hilux, también para exportación.
Esa generación tuvo dos actualizaciones de diseño y equipamiento a lo largo de su vida. La de fines de 2008, presentada como línea 2009, renovó el frente y sumó cambios de equipamiento, manteniendo el esquema mecánico.
El 3.0 turbodiésel 1KD
El corazón de la SW4 de esa etapa fue el motor 1KD-FTV, un cuatro cilindros turbodiésel de 2.982 cm³ con inyección directa por common rail, turbo e intercooler. En la versión SRV 3.0 automática 4x4 de la línea 2009, la ficha indica:
- 171 hp a 3.400 rpm.
- 360 Nm desde apenas 1.400 rpm.
- Caja automática y tracción 4x4 conectable con reductora.
- Motor delantero longitudinal y tracción trasera en uso normal.
- Siete plazas, tapizado de cuero, climatizador automático y control de crucero.
- Frenos ABS con EBD y dos airbags frontales.
El dato que mejor explica la fama de este motor es el par disponible desde muy abajo: la SW4 3.0 arranca cargada y en pendiente sin esfuerzo, y en ruta mantiene velocidad crucero con pocas vueltas. Esa elasticidad, sumada a la robustez del conjunto, explica por qué es habitual ver unidades con kilometrajes muy altos que siguen en servicio.
Hay que ser realistas con lo demás: por su chasis de largueros y su eje trasero rígido, el andar es de utilitario, con más rolido y rebote que un SUV monocasco. Y el equipamiento de seguridad, con dos airbags, quedó lejos de lo que hoy se considera estándar.
